Estos anticuerpos se han buscado desarrollar en variadas áreas de la medicina, sin embargo y como ya dijimos, una de sus aplicaciones principales es el tratamiento contra el cáncer. Debido a su gran especificidad, el anticuerpo se asocia únicamente a la célula cancerígena, lo que nos presenta la primera gran ventaja de este tratamiento: no compromete células sanas, sino que nos permite atacar específicamente a las células que se encuentran mutadas por la enfermedad. Una vez asociado a la célula y gracias a su unión a receptores de membrana, el complejo es endocitado por la célula cancerígena, entrando así al medio intracelular, donde los medicamentos quimioterapéuticos que inducen la apoptosis celular son finalmente liberados, asegurando que los fármacos ataquen solo a las células involucradas en tumores cancerígenos, reduciendo considerablemente los efectos negativos de otros tratamientos contra el cáncer.
Al mezclar células tumorales con linfocitos B de un
determinado organismo, obtendremos una célula híbrida capaz de reproducirse
rapida e indefinidamente, produciendo muchas copias idénticas de un mismo
linfocito en un margen de tiempo acotado. Como todos los duplicados son
equivalentes, los anticuerpos producidos por estas células serán iguales. A
estos anticuerpos producidos por la misma célula híbrida los llamaremos
“anticuerpos monoclonales”.
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